jueves, 27 de octubre de 2016

EL RUIDO DEL TIEMPO

Título: El ruido del tiempo
Título original: The Noise of Time
Autor: Julian Barnes
Editorial: Anagrama
Número de páginas: 208

El 26 de enero de 1936 el todopoderoso Iósif Stalin asiste a una representación de "Lady Macbeth de Mtsenk" de Dmitri Shostakóvich, en el Bolshoi de Moscú. Lo hace desde el palco reservado al gobierno y oculto tras una cortinilla. El compositor sabe que está allí y se muestra intranquilo. Dos días después aparece en el "Pravda" un demoledor editorial que lo acusa de desviacionista y decadente. Un editorial aprobado o acaso escrito de su puño y letra por el mismo Stalin. Son los años del Gran Terror, y el músico sabe que una acusación como ésa puede significar la deportación a Siberia o directamente la muerte. Pero Shostakóvich sobrevive, compondrá música heroica y patriótica durante la Segunda Guerra Mundial y el régimen comunista lo enviará como uno de sus representantes al Congreso Cultural y Científico por la Paz Mundial en Nueva York, donde repetirá sin salirse jamás del guión aquello que le dictan los comisarios políticos.


Sin lugar a dudas Julian Barnes es uno de los escritores contemporáneos más en forma de la actualidad, y su nueva novela así lo corrobora. Anagrama edita este 2016 el último trabajo del escritor británico, una mirada atrás en el tiempo pero cuya temática sigue estando presente hoy en día.

Los totalitarismos son una de las grandes tragedias de la historia de la Humanidad. Lo son en tantos aspectos que sólo enumerarlos llevaría varias paginas. En El ruido del tiempo su autor, Julian Barnes, se centra en la relación específica que siempre ha existido entre el poder y el arte comprendidos como dos entes con vidas autónomas pero que dependen la una de la otra cuando se cruzan. En concreto el proceso mediante el cual el arte (la música en la novela, pero también lo es la literatura, la pintura...) termina convertido en un rehén más, quizás el más importante, de cualquier totalitarismo que se precie y que lo utiliza como un arma propagandística más, marcando el paso de las creaciones artísticas y purgando cualquier piedra que se encuentre en ese camino.

Un punto interesante de la novela es la visión que nos aporta del propio protagonista, del cual podemos leer sus debates internos y el odio hacia sí mismo que con el tiempo desarrolla cuando ve la decisión que toma, pese a que constantemente intenta justificar sus actos y que por otro lado también son comprensibles. Tal vez la gran virtud de El ruido del tiempo sea mostrar la humanidad de quienes prefirieron bajar la cabeza ante los totalitarismos y limitarse a sobrevivir, porque no todos fueron tan malvados como a veces podemos interpretar al leer los libros de historia.

Otra cosa de agradecer es que no se trata de una novela extensa, por lo que el autor se puede centrar en los sentimientos de Shostakóvich en cada decisión que toma, cada devenir de su propia trayectoria profesional y sus aspiraciones de futuro; una historia demasiado larga acabaría por dar rodeos sobre el mismo tema una y otra vez.

Un estilo sobrio y sin demasiadas florituras es otro acierto, pues la época que narra fue gris y cargada de pesimismo entre su población; como la historia se mete de lleno en las personas y no en la historia, el tono me parece más que correcto y apropiado.

Cualquier aficionado al período soviético y todo lo que lo rodeó encontrará en esta novela un acercamiento diferente a las estructuras de poder que gobernaron el país comunista durante más de setenta años.


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