martes, 2 de febrero de 2016

ALGO SUPUESTAMENTE DIVERTIDO QUE NUNCA VOLVERÉ A HACER

Título: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
Título original: A supposedly fun thing I'll never do again
Autor: David Foster Wallace
Editorial: DeBolsillo
Número de páginas: 160


Es difícil calificar la obra de David Foster Wallace; la suya es una ficción literaria que se disfraza de estudio sociológico, de meticuloso ensayo en el que disecciona a la sociedad americana hasta el último detalle. Su novela más reconocida, La broma infinita, podría pasar sin duda como material didáctico para cualquier estudiante de la carrera de Sociología o Psicología. Sin embargo, esa obra tendrá su merecida reseña, (si algún día me atrevo a hacerla...).

Un año después del apabullante éxito de su segunda novela Foster Wallace publicaba Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, una suerte de ensayo-diario con sus impresiones cuando se embarcó de forma retribuida a bordo del Zenith, un crucero de siete noches por el Caribe, en 1995.

La premisa puede resultar aburrida: precisamente es una de las intenciones del autor, hacer visible lo artificial de ese tipo de eventos. Gracias a su prosa Foster Wallace consigue que el relato sea entretenido, mordaz, irónico y de una enorme precisión en cuanto a datos se refiere. Durante toda la narración cualquier lector puede notar un halo de desesperación: pese a todos los lujos, los divertimentos y la infinidad de actividades de ocio subyace un poso de aburrimiento, de hastío por la vida que sin duda es una constante en la obra del escritor. 

La disección minuciosa de todo lo que sucede en el crucero es, también, una crítica profunda a un modo de ver y entender la vida que Foster Wallace era incapaz de comprender y que le causó graves problemas en su vida personal. Sus famosas e interminables notas a pie de página (que podrían suponer una obra aparte por si mismas) ayudan a crear esa atmósfera opresiva, la sensación de que tras todo aquel aparente orden subsiste un caos que es la razón de ser de la existencia humana.

Foster Wallace nos muestra situaciones en las que se ven envueltos los viajeros del crucero que dan verdadera vergüenza ajena, comportamientos que deambulan entre la locura y la estupidez. Se nos describe al usuario medio de los cruceros, una persona tremendamente inculta incapaz de darse cuenta del circo que hay montado a su alrededor. Todo ello servido en una bandeja de humor inteligente, la lupa perfecta para ser más consciente de la crítica tras las palabras.

La puesta en escena, el estilo de Foster Wallace, consigue dar forma a la alienación que sobrevuela el barco; el paradisíaco crucero convertido en el peor de los horrores. Los párrafos son densos, profundos, con reflexiones que pueden parecer superficiales pero que esconden un espíritu filosófico abrumador. Su irrefrenable verborrea políticamente incorrecta sirve de vehículo perfecto para resaltar todavía más si cabe el esperpento general. Un torpedo en la línea de flotación del capitalismo, ente salvaje al que Foster Wallace supo verle sus peores consecuencias antes siquiera de que la mayoría de nosotros nos diéramos cuenta (y algunos todavía no son capaces de verlo...), convirtiéndose en una especie de visionario que con obras como Algo supuestamente... sacude al lector como si de un saco de boxeo se tratara.

La obra fue concebida como un artículo, y eso explica el exiguo número de páginas, lo cual no supone un impedimento para que la carga narrativa de sus escasas ciento sesenta páginas sea tan denso como cualquier novela de más de cuatrocientas.

En definitiva, para quienes nunca hayáis leído a Foster Wallace Algo supuestamente... es tal vez la mejor manera de introducirse en el mundo paranoico y enfermizo del escritor norteamericano, considerado uno de los más influyentes de los últimos cincuenta años.

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